En 1960 la futura primera dama de Estados Unidos, Jacqueline Kennedy, sirvió de modelo a su marido, el Senador Kennedy, para captar el voto de la población hispana y los habitantes del sur de país. Una curiosidad.
Los vecinos de la calle Nueve York, símbolo de la industria de la carne y corazón del peronismo, esperan el desenlace electoral sin hacerse muchas ilusiones Llega el alivio. Faltan horas para la segunda vuelta de las elecciones en Argentina y después de una campaña de 300 días, miles de carteles, decenas de frases hechas, paupérrimas propuestas y una buena dosis de agresividad, la única certidumbre de los argentinos ahora mismo es que, al fin, esto se termina, gane quien gane. También hay expectativa. Como en todo el país, en esta calle diminuta de Berisso, sur industrial de Buenos Aires, bautizada “Nueva York” como si fuera una declaración de aspiraciones, los vecinos esperan que algo pase. Una esperanza moderada, es cierto. No es esa clase de pasión que te estremece cuando tus jugadores favoritos son los que están en la cancha. Esto es lo que hay y Drexler nos recuerda que “no se va a poner mucho mejor”. Calle Nueva York, tiendas olvidadas Como la manta del vendedor, sobre los ...
" ¿Cuánto nos cuestan los inmigrantes? " es una pregunta que suele diseminar la estrategia conservadora para quebrar la fidelidad de los electores perjudicados por la crisis con los partidos progresistas. Con esa pregunta, y varias falaces respuestas, se expande sin necesidad de fundamento la creencia de que, en la crisis, los extranjeros "reciben más". A veces se trata de argumentos aparentemente objetivos, argumentos de autoridad, basados en datos incuestionables: "El paro inmigrante cuesta ya al Estado 59 millones, un 33 por ciento más que en 2005". Esa fue una noticia publicada por el diario EXPANSIÓN en septiembre de 2006, bastantes meses antes de percibirse la crisis. Se basaba en un estudio de La Caixa que afirmaba que sin extranjeros, la economía catalana caería un 0,6% al año. Pero los medios más conservadores resaltaban que "no todos los efectos de la inmigración eran positivos". Otras veces es el rumor local el que corre con velo...
Una artesana enseña su bordado con la frase “Milei Te odia”. Una manicura pinta uñas con la misma leyenda. La hija de una sobreviviente de la dictadura enumera en un recorrido del subte las razones para no votar a Milei. Debajo de la puerta de casa aparece una nota escrita a mano que advierte el peligro de Milei para la educación pública. Un médico jubilado muestra su alarma: la sanidad pública desaparece si gana Milei. Todas estas acciones, más o menos naturales, más o menos guionadas, integran la llamada “micromilitancia”. Micromilitancia, microactivismo, campaña inorgánica… todo un mundo de sinónimos para denominar lo mismo: una interacción entre la oferta política del candidato y el ciudadano que debe consumirla. Hasta ahí, no es más que la política de siempre con nuevas y más atractivas denominaciones. Acciones espontáneas de ciudadanos individuales que tratan de multiplicar la voz de su propuesta política. Nada nuevo: reunirse en el bar, dialogar en la plaza, pintar c...
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