EUROPA SE SUICIDA EN EL MEDITERRÁNEO
La monotonía de los nichos blancos con letras azules
(INMIGRANTE MARROQUÍ, INMIGRANTE MARROQUÍ) se rompe en una lápida: una que tiene
identidad. Un nombre: Hope Ibrahim, Nigeria, 19 de abril de 2005. Hope...
En principio, es la esperanza la que moviliza a miles de inmigrantes a un viaje incierto y peligroso. No es una
esperanza tan boba como supone el europeo medio. No es la mera esperanza de saciar
el hambre o aliviar la miseria.
“Si emigras, te ahogas. Si te quedas, te ahogas” repiten
como un karma los integrantes de una asociación de familiares y amigos de
inmigrantes que murieron en el Mediterráneo.
Son de Larache, una ciudad portuaria marroquí bastante
hermosa y relativamente próspera, cerca de centros turísticos y residenciales,
en la franja más rica y desarrollada del país. No encontrarás ahí barrigas
infladas por el hambre. “Si te quedas, te ahogas”.
La esperanza es por más.
Por otra cosa. Por estar más libre, por sentirse más realizado, por buscar más
oportunidades, por estar más cerca de un mundo de méritos y más lejos de un
mundo de prebendas. Por rebelarse, que es el combustible de cualquier progreso.
Desde que empezó el siglo se ahogaron en el Mediterráneo
unas 20.000 personas (son datos de Naciones Unidas). Podrían haber iniciado un negocio, en cualquier pueblo de la playa, casarse, retornar a sus países con unos ahorros. Y todo hubiese sido positivo para alguien. Sin embargo, un conjunto de decisiones políticas de dudosa eficacia y justificación obligar a entrar a Europa por la ventana, perdiendo tiempo, energías y vidas.
No sabemos nombres, ni
nacionalidad, ni raza, ni religión, ni edad. de esos 20.000 muertos. Sí sabemos que en casi todos latía
un pulso que los empujaba a arriesgarse, incluso de forma temeraria, para vivir
de otra forma. No se trata sólo de un empleo. La mayor parte de los que mueren en una
patera seguro que podría conseguir un empleo en su país, incluso mejor del que encontrará en Europa.
Se trata de algo más. De un
ímpetu que es el que suele estar detrás de las grandes migraciones y es el que moldea la prosperidad de muchas
fronteras.
Se trata de las ganas de aprender, de mejorar, de cambiar, de liberarse, de dejar atras códigos conservadores; se trata
de la rebeldía, la misma que forja los mejores momentos de Europa, cuando irradia libertad.
Cada muerte en el Mediterráneo es una Europa que mata a
quemarropa cualquier energía renovadora. Cada nueva
normativa que dificulta la emigración, cada política que establece discriminaciones, cada nuevo discurso xenófobo y cada ambigua declaración de los partidos "serios" , cada nueva impotencia de sus gobiernos para, si quiera, hacer un operativo de
rescate, cada disimulo durante la larga crisis en el mundo árabe es una forma de ahogar al que viene esperanzado buscando algún resquicio de lo que hizo grande a Europa.


Comentarios
Publicar un comentario