La vieja pandemia racista: 3 razones por las que el racismo crece

 


El juicio por la muerte de George Floyd coincide con el video de una paliza que un neoyorquino de 43 años le propina a otra neoyorquina, una mujer asiática de 65. Los golpes no solo fueron filmados por la cámara de seguridad del edificio. Además, fueron ignorados totalmente por los empleados del edificio que no intervinieron ni ayudaron a la mujer cuando quedó tendida en el suelo.

Los ataques a asiáticos se suman ahora  a los tradicionales actos de racismo contra los afroamericanos y contra los hispanos. Hasta tal punto, que muchos mexicanos, colombianos o dominicanos viviendo en Estados Unidos han empezado a comprar armas para defenderse.

Muchos gobiernos llenan de jabón su conciencia destacando el racismo en EEUU pero no asumiendo del todo que en sus propios países, desde Francia a Alemania, desde México a Brasil, desde Bahrein a Marruecos, se reproducen los ataques racistas y el discurso xenófobo.

¿Por qué crece el racismo?

1. La desigualdad económica. 

Una explicación frecuente y que cobra más sentido en el mundo posterior a la pandemia. El aumento de la pobreza unido al aumento pornográfico de muchas riquezas que, además, se exhiben sin filtro no sólo genera inequidades económicas. Además, genera una creciente ansiedad en gran parte de la población empobrecida. 

 “Por ejemplo, se prevé que la brecha de riqueza entre los blancos y los negros estadounidenses le cueste a la economía estadounidense entre 1 billón y 1,5 billones de dólares en pérdidas de consumo e inversión entre 2019 y 2028. Esto se traduce en una penalización del PIB proyectada del 4 al 6 por ciento en 2028 (Noel y otros 2019)” en El coste Económico del Racismo (FMI, 2019)

2. El diseño de las ciudades. 

Para casi todas las injusticias del mundo, hay una arquitectura que ha sido planificada y diseñada para perpetuarlas.  Esa opresión incorporada adopta muchas formas. Está en las decisiones de planificación que se dirigen a las comunidades no blancas para proyectos de carreteras y planes de "renovación urbana" concebidos para alejar los beneficios económicos de los residentes existentes. Está en una filosofía de diseño que ha convertido los barrios en laberintos de "espacio defendible" que a menudo criminalizan la negritud con el pretexto de la seguridad. Y está en la proliferación de espacios públicos que amenudo no permiten que ciertas comunidades culturales se reúnan sin temor al acoso.

3. La incomunicación creciente. 

La idea de frontera se ha metido en nuestro cuerpo como una manera de dividir cada vez más. Hacer mundos más pequeños es muy manejable. 

En ese momento, buscamos cerrarnos más que abrirnos, afirmarnos más que contrastar. Y las redes sociales y las plataformas digitales están ayudando mucho a eso. Sus algoritmos son implacables a la hora de acercarte a tu mundo ideal, en el que todos los que hay piensan de forma similar. Y para separarte de otros mundos. Una perfecta frontera digital.  

En las redes sociales se procura que permanezcas mucho tiempo en pantalla. Y con tal de que permanezcamos en línea, los algoritmos generan todo tipo de estímulos para estar un rato más conectados o volvernos a conectar si abandonamos las redes un tiempo. El recibir mensajes o contenidos llamativos, es una manera de renovar periódicamente la táctica de seducción de las redes. La mirada binaria, la que separa nítidamente un mundo y otro, es una maravillosa herramienta para este fin.


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